El mentón de Víctor tembló levemente en lo que se volvía para encarar a su esposa.
—Iba camino a tu habitación y la enfermera se me lanzó encima —dijo, con la copa todavía en la mano y el pantalón desabrochado.
Irina nada dijo, solo miraba de uno a otro, acomodándose el uniforme.
—Metiste a una de tus amantes a nuestra casa... Eso es casi anecdótico comparado con lo que has estado haciendo con Santorini... Ya lo sé todo —contó Eloísa, apoyada en el muro, sacando fuerzas de su indignación—.