Solo Enzo y sus hijos desayunaban en el comedor. De su madre no sabía y prefería no saber; su padre obedecía el reposo indicado por el médico y comía en su habitación. Si su esposa llegó por la noche, no la sintió, tampoco cuando se levantó.
A Stefano lo había sentido llegar; su borrachera solía ser muy escandalosa. En cuanto a su hermana, de seguro comería en su habitación para que nadie la viera.
—¿Por qué debo comer verduras al desayuno? Son para el almuerzo —reclamó Federico.
—Si nos dan ve