Luego de tres largos días, Mónica y Amaro regresaron con Agustín a casa. Su habitación había sido limpiada concienzudamente por Alma, quien tomó nota del tratamiento médico para hacerse cargo, pese a las inasistencias de Mónica para hacerlo ella misma.
—Alma estudia enfermería, ¿quién mejor que ella para tratarlo? —explicó Amaro para convencer a la mujer, o terminarían en la clínica con Agustín internado por sobredosis.
—Está más delgado y pálido —observó Alma, meciendo al niño, que se sentía má