XLIX El milagro
La mañana halló a Alma tendida en el piso, dormida sobre el tapete junto a la cama. En cuanto sus ojos se abrieron, fue por el teléfono.

Se talló los ojos antes de leer los mensajes; estaban hinchados por las lágrimas, que al secarse sobre su rostro lo habían dejado tirante.

Inhaló profundamente, recordándole a Dios su promesa y la convicción de cumplirla: su amor a cambio de la vida de Agustín. Un sacrificio insignificante a cambio de una vida.

Jefe: Los médicos dicen que pasó una buena noch
NatsZ

¿Podrá Alma cumplir su promesa ante Dios o el condenado de Amaro la hará pecar?

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