EMELY.
El despacho se sumió en un silencio denso. Olivar, Garino y Sebastián me miraban con una mezcla de curiosidad y cautela. Sabían que mi conexión con Kia no solo me daba fuerza, sino acceso a una memoria que ellos, como lobos modernos, habían olvidado.
—Emely —rompió el silencio Olivar, cruzando los brazos sobre el pecho—, dinos qué sabe Kia. Ese Alfa, Vargo... ¿de dónde viene realmente? No es un simple sobreviviente de una manada derrotada, ¿verdad?
Cerré los ojos un segundo, dejando que