EMELY.
Me mantuve impasible, sosteniendo la taza de té dedicándoles una sonrisa, aunque por dentro me quemaba viva. Olivar estaba sentado a mi lado, actuando con una hospitalidad que solo alguien que conoce el arte de la guerra puede fingir. Frente a nosotros, los padres de Tamara y Valerius bebían en silencio, creyendo que su actuación de arrepentimiento nos había desarmado. Eran unos idiotas. Kia rugía en mi nuca, sus colmillos, goteando anticipación mientras mi mano, sobre mi vientre, sentía