EMELY.
Me quedé dormida con el sonido de su corazón latiendo contra mi oído, sintiéndome la mujer más poderosa del mundo, no por el rango, sino por el amor de ese hombre que estaba dispuesto a quemar el mundo entero por mantenerme a salvo.
El amanecer llegó con una luz grisácea filtrándose por los pesados cortinajes. El silencio de la habitación se rompió con el sonido seco de tres golpes en la puerta. Era la señal de Sebastián.
—Alfa, Luna —la voz de Sebastián sonó amortiguada pero urgente des