EMELY.
Estábamos en la parte de atrás de la casa, tratando de que el aire puro nos limpiara la atmósfera, pero esta seguía cargada, densa. Magnus, Selene y Garino nos esperaban con gestos rígidos. Olivar no soltaba mi mano; sentía su pulso acelerado contra mi palma.
Magnus empezó a hablar con una voz que arrastraba siglos de historia. Me explicó que el eclipse no era solo un espectáculo visual, sino una apertura. Una llave que permitía a los de sangre antigua como yo conectar con las energías p