EMELY.
—¡Necesito comer! —exclamé, interrumpiendo su explicación sobre anomalías y linajes. El hambre había vuelto a atacar, pero esta vez era diferente; era un vacío doloroso, un incendio que me devoraba desde el estómago hacia afuera. No me importaba ser la primera humana, no me importaba el peligro, solo quería que esa sensación de desmayo se detuviera.
Me di la vuelta y salí del estudio casi a trompicones, buscando con la mirada cualquier rastro de una cocina en aquel laberinto de pasillos