EMELY.
Tamara no apartaba sus ojos de mí. Era una mirada cargada de un desprecio tan puro que sentí un escalofrío recorrerme la espalda; me observaba como si yo fuera una mancha de suciedad en un suelo de mármol blanco.
—Es una invitada —repitió Garino, manteniendo su tono neutral, aunque noté que se ponía un poco más rígido.
—Es humana —escupió Tamara, dando un paso lateral para rodearme, como un lobo evaluando a una presa débil—. ¿Desde cuándo mi Olivar tiene amigas humanas? ¿Y desde cuándo s