OLIVAR.
Mi padre, Magnus, se mantenía apoyado contra el marco de la ventana, con la mirada perdida en la oscuridad del bosque que rodeaba la mansión.
—Es una decisión difícil, Olivar —dijo finalmente, dándose la vuelta—. Forzar la entrada de esos niños al mundo antes de tiempo es desafiar el curso natural de nuestra sangre.
—Lo que no es natural es que un maníaco como Vargo pretenda usar el nacimiento de mis hijos como un sacrificio para su ritual de la Luna Sangrienta —respondí, sintiendo cómo