OLIVAR.
Me obligaron a salir. La doctora fue tajante: necesitaba espacio para maniobrar con las máquinas y yo, con mi energía de Alfa alterada, solo estaba logrando que los monitores se volvieran locos. Ahora estoy aquí, de pie tras el cristal, viendo cómo mueven esos aparatos sobre el cuerpo de Rubí.
Verla desde aquí es peor. Se ve tan pequeña en esa cama inmensa, rodeada de cables que parecen serpientes blancas queriendo atraparla. La doctora pasa el escáner sobre su vientre, y en las pantall