OLIVAR.
Garino se quedó en silencio, procesando mis palabras. Todos en la estirpe sabíamos que Kia no era una loba cualquiera; era una Omega de las eras antiguas. Y las Gamma de sangre pura poseían un don aterrador: el poder de la voluntad sobre la propia existencia. Ellas podían decidir entrar en un sueño profundo, una suspensión que parecía muerte, y permanecer así durante siglos hasta encontrar el momento o el recipiente adecuado para revivir.
—Sabemos que Kia decidió dormir y despertó en mi