EMELY.
El sonido de la puerta abriéndose me hizo abrir los ojos. Selene entró despacio, cargando una bandeja con comida. Se acercó a la cama y la apoyó con cuidado sobre la mesa de noche.
—Necesitas recuperar fuerzas, Emely —dijo con voz suave.
—Gracias, Selene —respondí, incorporándome con esfuerzo—. ¿Cómo está Aleria?
—Está bien. Está en su cuarto, concentrada pintando un cuadro para ti. Dice que quiere que decores la habitación del bebé con él. Se tomó muy en serio lo de ser tía.
Sonreí apen