EMELY
Me retorcí en la cama, apretando las sábanas hasta que los nudillos me quedaron blancos. Sentía una quemazón insoportable detrás de los ojos, como si me estuvieran clavando agujas calientes. La voz de Vargo no era un susurro lejano, era un trueno que me invadía por dentro.
—Vaya... funcionó —dijo con una calma que me dio asco—. Pensé que tardaría más, pero mis poderes están volviendo más rápido de lo que esperaba. Ahora puedo entrar aquí, pequeña.
Sentí una presión en el colchón, como si