EMELY
Me senté junto a Olivar en el sofá principal, cruzando las piernas con una seguridad que no necesitaba palabras. Sentí las miradas de Magnus y Selene clavadas en mí como dagas. Sabía que no me aceptaban, que para ellos seguía siendo una intrusa o, peor aún, una carga, pero no me importaba. No estaba allí buscando su aprobación ni su afecto; estaba allí como su Gama.
—Directo al punto —soltó Olivar, apoyando los antebrazos sobre sus rodillas y mirando al centro del grupo—. El ataque de aye