YA NO SOY LA MISMA.
EMELY.
La luz de la mañana se filtraba suavemente por las cortinas, iluminando las partículas de polvo que flotaban en el aire. Me desperté con una sensación de plenitud que no recordaba haber sentido jamás; mi cuerpo, aunque ligeramente dolorido por la intensidad de la noche, se sentía vibrante, eléctrico. Los monitores médicos, que aún permanecían en una esquina de la habitación como recordatorios mudos de mi fragilidad pasada, parecían ahora fuera de lugar, objetos extraños en el santuario q