OLIVAR.
Entré en la mansión sintiendo que el aire pesaba toneladas. La discusión con mis padres todavía me martilleaba en las sienes; sus voces, cargadas de tradición y rechazo, se repetían en mi mente como un eco incesante. Necesitaba quemar la rabia antes de que mis rayos terminaran por destrozar algo.
Caminé directamente hacia el salón principal, donde el mueble de licores resplandecía bajo la luz tenue. Sin molestarme en buscar un vaso de cristal, agarré una botella de whisky puro y le quit