OLIVAR.
Se lanzó hacia Magnus, revisando sus heridas con manos temblorosas, pero mi padre la tomó por las muñecas, obligándola a mirarlo para transmitirle una calma que, sabía, le estaba costando mantener.
—Estoy bien, Selene. Estamos todos aquí —le dijo Magnus con voz profunda, logrando que ella soltara un suspiro largo.
Sin embargo, la angustia de Selene se transformó rápidamente en una furia fría que rara vez le veía. Se separó de Magnus y se puso en medio del salón, mirándonos a todos con u