EMELY.
El aire en la sala todavía se sentía pesado, impregnado del olor metálico de mi propio malestar. Me encontraba hundida en el sofá, intentando recuperar el aliento tras la última arcada; el embarazo estaba drenando mis fuerzas de una manera que no creía posible. Garino, siempre fiel y atento, se mantenía a mi lado como una sombra protectora mientras mi mate estaba fuera de la ciudad.
No necesité verla para saber quién era. El ambiente se tensó al instante, cargándose de una autoridad géli