EMELY.
Sentí cómo sus brazos me rodearon al instante, estrechándome con una fuerza protectora que me hizo soltar un suspiro contenido por días.
—No tengo miedo de morir —continué, hablando rápido contra su pecho—, tengo miedo de fallarles a los bebés, o de que ese vínculo sea más oscuro de lo que vimos. Miedo de que, por mucho que lo intentemos, Vargo tenga algún truco que Kia no recuerde. Me aterra pensar que el precio de nuestra libertad sea demasiado alto.
Sentí el beso de Olivar en mi coron