EMELY.
Ha pasado ya una semana desde lo sucedido, la planta baja de la mansión era un hervidero de actividad. Los hombres lobos de la manada movían muebles pesados para despejar una de las habitaciones más amplias, transformándola en un centro clínico improvisado.
Entré al cuarto y vi cómo instalaban los monitores fetales, los tanques de oxígeno y el equipo de cirugía. No era una habitación de hospital fría; Olivar se había encargado de que, entre tanto cable, hubiera mantas de lana y una luz c