CELOSA.
OLIVAR.
Me quedé paralizado un segundo, viendo cómo su mundo se terminaba de romper tras todo lo que ya estaba sufriendo por el embarazo. Ella no dijo nada más; simplemente dio media vuelta y empezó a alejarse por el pasillo, con los hombros hundidos.
—¡Emely, espera! —rugí, ignorando por completo a Tamara, que me miraba con una sonrisa de satisfacción que pronto le borraría de la cara.
Intenté salir disparado tras Emely, pero Tamara me sujetó del brazo con una fuerza sorprendente, frenándome en seco. Su toque me produjo una repulsión inmediata, pero ella no se soltó.
—¡Suéltame! —le rugí, tratando de zafarme sin perder de vista la figura de Emely que se desvanecía al final del pasillo.
—¿Quién es ella, Olivar? —me reclamó Tamara, con la voz cargada de una arrogancia que me revolvió el estómago—. ¿Quién se cree esa humana para que te importe tanto si nos besamos o no? ¡Mírate! Estás desesperado por una cualquiera.
Me quedé tenso, con la mandíbula apretada hasta que me dolieron los oíd