CELOSA.
OLIVAR.
Me quedé paralizado un segundo, viendo cómo su mundo se terminaba de romper tras todo lo que ya estaba sufriendo por el embarazo. Ella no dijo nada más; simplemente dio media vuelta y empezó a alejarse por el pasillo, con los hombros hundidos.
—¡Emely, espera! —rugí, ignorando por completo a Tamara, que me miraba con una sonrisa de satisfacción que pronto le borraría de la cara.
Intenté salir disparado tras Emely, pero Tamara me sujetó del brazo con una fuerza sorprendente, frenándome e