OLIVAR.
Me obligué a concentrar la vista en los informes financieros que tenía sobre el escritorio. Aunque de vez en cuando iba a la oficina central para marcar presencia, prefería trabajar desde el despacho de la mansión para no perder de vista lo que sucedía en mi territorio. Manejaba una de las petroleras más grandes de la región y varias empresas diversificadas en el mercado global; éramos el motor económico que sostenía a la manada y lo que nos convertía en una de las facciones más poderos