capitulo 97

Era de noche. La última luz de la casa se había apagado y, agazapada entre las sombras, ella observaba la imponente vivienda. El momento había llegado. Avanzó por la playa, trepó hasta la terraza —cuántas veces había estado ahí… y pensar que todo eso debió haber sido suyo—.

Entró por la puerta que daba al jardín. La casa estaba silenciosa, absolutamente vacía. Cruzó la sala y subió las escaleras. Llegó a la habitación de Alekos: la reconocía perfectamente. Se movió con cuidado, pero no había nadie. Fue hasta el vestidor; allí encontró ropa de mujer, zapatos, y entre ellos, el inconfundible aroma de él. Era definitivamente la habitación de ambos… pero no estaban.

¿Qué haría ahora?

Regresó a la habitación y vio sobre la mesa de luz una fotografía: Alekos, Dakota y los tres niños. “Bastardos”, pensó con rabia. Y todo, en su mente enferma, era culpa de la mayor. “Si mamá no está —razonó, torcido el pensamiento—, entonces debe pagar la bastarda mayor. És tan culpable como ella.”

Tomó e
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