Tal como habían acordado, al día siguiente Helena, Olivia, Eliot y Xandro dejaron el yate rumbo al aeropuerto. Allí abordarían el jet de regreso a casa.
El yate siguió su rumbo hacia la isla.
—¿Cómo te sientes hoy, hija? —preguntó Teresa.
—Bien, abuela. Aunque debo reconocer que me altera… me frustra. Odio olvidar cosas y no poder controlar esta ansiedad.
—Debes tomarlo con calma.
—Lo sé, abuela, pero cuesta. ¿Cómo la has pasado estos días?
—Maravilloso, hija. A mi edad, estos viajes son una bendición, sobre todo rodeada de las personas que quiero —dijo Teresa.
Penélope se sumó a ellas.
—¿Cómo te sientes hoy? —preguntó Teresa.
—Mucho mejor, por suerte. Ayer todo me caía mal y hoy estoy como nueva. Necesito un consejo.
—Te escuchamos —dijo Dakota.
—Al parecer vamos a Estados Unidos. Cuando estábamos en el aeropuerto había una pareja muy nerviosa; me puse a charlar con ella. Estaban por buscar a su hijo, lo habían tenido por subrogación de vientre… ¿estaría mal eso?
Dakota y