Días después, mientras desayunaban, Alekos comenzó a golpear el plato con la cucharita.
—Tengo algo que comunicarles a todos —dijo Alekos, muy serio.
—¿Pasa algo? Te ves preocupado —preguntó Penélope.
—Tengo su atención, gracias —dijo Alekos. Todos lo miraban expectantes; Dakota estaba en silencio.
—Con Dakota, después de mucho charlar y negociar hace unas noches, decidimos que nos vamos a casar en tres meses —dijo Alekos riéndose. Penélope y Teresa reclamaban por haberlas hecho preocupar.
—Por fin, ya había perdido mis esperanzas —dijo Stavros.
—Te mereces un Oscar, cariño, eres un gran actor —dijo Dakota defendiendo a su esposo.
Alekos besó a su esposa.—Así que, ni bien terminemos el desayuno, iremos a la iglesia a reservar la fecha. Esta vez no te me escapas, Dakota Grant.
—Habrá que empezar con los preparativos —dijo Penélope.
Luego del desayuno, Alekos se encontraba en la puerta esperando a Dakota. Era un día hermoso.
—¿Señor, desea que lo siga la custodia? —preguntó Pe