Alekos la miró sorprendido, aunque enseguida esbozó una sonrisa.
—Me parece muy bien —respondió con calma.
Dakota respiró hondo, sostuvo su mirada con firmeza y replicó:
—Tengo algunas condiciones.
La orquesta comenzó a tocar un tema animado y muchas parejas se dirigieron a la pista de baile. El murmullo de voces y risas llenaba el aire.
—¿Cuáles? —preguntó Alekos, inclinándose un poco hacia ella, curioso.
—Lo quiero por escrito. La primera: si llegamos a divorciarnos, Irina se quedará conmigo. Y… —dijo, dejando la frase en suspenso unos segundos.
—Está bien —aceptó Alekos sin dudar demasiado.
Dakota se irguió un poco más, con la voz firme y los ojos brillando de determinación:
—Nos casaremos sin acuerdo prematrimonial. Y si alguna vez me eres infiel, en compensación quiero la mitad de todo. Me llevaré el cincuenta por ciento del Corporativo Ravelli.
La expresión de Alekos cambió de inmediato. Sus cejas se fruncieron y un destello de indignación le cruzó el rostro.