Cuando Dakota salía del tocador, se topó con Freya.
—Dakota, ¿cómo estás? Tanto tiempo —preguntó con ironía Freya.
—Muy bien. Ahora, si me permites el paso, volveré con mi prometido —respondió Isabella, pero Freya no se movió.
—Te felicito por tu hija, es muy parecida a su padre.
—Gracias, ¿me dejas pasar? —pidió Dakota.
—Ahora sabemos por qué Alekos te pidió matrimonio —le dijo Freya.
—Lástima que jalársela al jefe en la oficina únicamente te sirvió para llegar a una gerencia —contestó Dakota, provocando las risas de unos hombres que estaban cerca de ellas.
Freya no se aguantó y abofeteó a Dakota, haciéndola caer al suelo. Justo cuando estaba a punto de golpearla de nuevo, Alekos la sujetó de la muñeca tirando de ella, dejándola en manos de un custodio, mientras él se agachaba a revisar a Dakota.
—¿Qué demonios estás haciendo? —le gritó él, llamando la atención de los invitados.
—Perdóname, pero ella gritó delante de todos que solo era gerente porque me acosté contigo.
—¡Sá