No habría problemas, respondió Dakota mintiéndole a Alekos.
Subió apresuradamente a su habitación; necesitaba calmarse. Un hijo ilegítimo ya era bastante, ¿y ahora qué haría? Tomó su agenda y comenzó a hacer cálculos con los dedos temblorosos. Respiró aliviada: aún faltaban unos días para su periodo. Además, la vez anterior habían estado juntos varias veces, y se repetía a sí misma que con una sola vez en la playa tal vez no pasaría nada.
Se miró al espejo, se acomodó el cabello y decidió regresar a la cena. No podía dar la impresión de estar nerviosa. Al llegar al salón, todo parecía animado. Escuchó risas, copas entrechocando y vio a Helena charlando en voz baja con Elliot Blackston y Stavros Ravelli, que lucía preocupado. Dakota frunció el ceño, pero se obligó a sonreír.
Fue entonces cuando Calista se le acercó, con una copa en la mano.
—¿Y pensar que no conocías a Alekos? —dijo con cierto reproche.—Un placer otra vez, Alekos —añadió ella con una sonrisa irónica—, aquella noche