Alekos seguía de pie en medio de la habitación, mirando a un punto fijo. Definitivamente, cuando uno no entiende… no entiende. ¿Qué demonios estaba pasando ahí? No podía creer lo que había escuchado.
Era cierto que al principio no había reaccionado bien. Lo tomó por sorpresa: él era soltero y siempre había creído que seguiría así. Jamás había pasado por su cabeza la idea de un aborto. Para él, una vida era sagrada, sobre todo si era su hijo. Y lo otro… no tenía ningún sentido. Nunca amenazó a Dakota. Tomó los papeles que ella le había arrojado y comenzó a leer.
Se trataba de una copia de mensajes salidos de su número telefónico, intimidando y amenazando a Dakota. ¿Quién demonios había hecho eso? ¿Y por qué? Y, por último, la foto: él teniendo sexo con Freya en su despacho.
Ahora sí… estaba verdaderamente jodido.
Esa misma noche, Elliot Blackston regresó con Irina. Como siempre, la había traído rendida de cansancio. Subió a la niña a su dormitorio.
—La habitación te ha quedado muy boni