Luego del encuentro con Alekos, Dakota se encontraba de mal humor. No entendía por qué él estaba allí. Después del almuerzo, recibió una llamada de Elliot Blackston: iría a visitarlas por la tarde y llevaría a Irina a andar en bicicleta, como cada vez que se encontraba en la ciudad, ya que por su trabajo viajaba con frecuencia.
Sonó el timbre. Dakota fue a abrir la puerta y ahí estaba Elliot, con una dulce sonrisa en el rostro. Él y su abuela Teresa eran los padrinos de Irina. Elliot era un excelente padrino y un gran amigo. Aunque él tenía intenciones más serias, Dakota siempre decía que una mujer dañada como ella no merecía a un hombre como él. Sin embargo, Elliot no perdía las esperanzas.
—Hola, ¿cómo están? Voy a llevarme a mi ahijada a andar en bicicleta, después iremos al cumpleaños de Mel —informó Elliot con entusiasmo.
—Está bien. Irina, pórtate bien con tu padrino. Y tú, no la malcríes tanto —lo reprendió Dakota, aunque sonreía.
Ambos se rieron y salieron muy contentos.
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