Una luz tenue se filtraba entre los árboles, bañando el bosque con un tono dorado pálido. Por una vez, Lyra no sentía que el mundo se le venía encima.
Se sentía… quieto.
Se sentó junto a Ronan, con la espalda apoyada en un árbol, observándolo atentamente.
Estaba vivo. Respiraba con regularidad. No tenía sangre fresca.
Solo eso ya parecía un milagro.
Pero él no estaba bien.
Su rostro permanecía tenso incluso dormido, su cuerpo demasiado inmóvil, como si hasta descansar le costara un esfuerzo. La