El bosque estaba en silencio.No era el tipo de silencio apacible que llegaba con el amanecer o la nevada, sino algo más pesado. Observando. Esperando.Lyra estaba de pie al borde del acantilado, su pecho subía y bajaba con respiraciones entrecortadas, sus dedos temblaban a sus costados. El viento aullaba a su alrededor, frío y cortante, tirando de su ropa desgarrada, pero apenas lo sentía.Lo único que podía ver era el espacio vacío frente a ella.El lugar donde Ronan había caído.“No…” su voz salió como un susurro, frágil y quebrada. “No, no, no…”Sus piernas se movieron antes de que su mente pudiera reaccionar. Tropezó hacia adelante, cayendo de rodillas cerca del borde del acantilado, aferrándose con las manos a la tierra áspera mientras se inclinaba.Muy abajo, el río rugía, salvaje e implacable, y su superficie brillaba bajo la luz de la luna como cristales rotos.Pero no había rastro de él.Nadie.Sin movimiento.Nada.El estómago de Lyra se revolvió violentamente. —¡Ronan! —gr
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