El bosque ya no se sentía igual.
Lyra lo notó en el mismo instante en que amaneció.
No era solo el frío, ni el silencio, ni siquiera el persistente olor a peligro que se negaba a desaparecer.
Era algo más profundo.
Como si el mundo hubiera cambiado, y ella ya no formara parte de él.
Se sentó en un tronco caído, mirando fijamente sus manos.
No parecían diferentes.
Sin venas brillantes. Sin luz parpadeante.
Solo… manos.
Y sin embargo...
Habían exterminado a los monstruos.
Cazadores arrojados de v