Seren no respondió de inmediato. En cambio, caminó hasta la ventana, donde la luz gris del atardecer teñía las cortinas de sombras. Su silueta parecía más frágil allí, recortada contra la penumbra, como si el peso de su verdad la hiciera más pequeña.
—No siempre se puede elegir un bando —dijo finalmente, con la voz tan baja que Elena apenas la oyó—. A veces solo se puede elegir qué parte de uno está dispuesta a sacrificarse.
—Eso no es una respuesta —dijo Elena, con los ojos encendidos de furia