Elena gritó.
Había llegado el momento y aunque no estaba lista, debía estarlo.
Gritó con furia, con poder. Gritó como una madre que traía al mundo lo que sería para ella lo más valioso.
Kael la sostenía, con la frente perlada de sudor. Nunca pensó que asistiría un nacimiento, mucho menos entre planos, entre grietas abriéndose y cerrándose constantemente.
El poder de Elena era sorprendente, ella sería sorprendente en un futuro. Y ese bebé… tendría los poderes de su madre o sería más fuer