Mundo ficciónIniciar sesiónLa grieta se había cerrado, pero el aire aún olía a ceniza.
Lucía apretó el paso por el sendero de hojas húmedas, su vestido corto recogido a un lado para no tropezar. Amadeo iba detrás, más calmado, pero con el ceño fruncido y los ojos inquietos. —¿Estás segura de que vinieron por aquí? —preguntó él. —No están en el campamento. Y el Saelith voló en esa dirección. Elena no se mueve sin él últimamente. Además… lo sentí. —Lucía se llevó una mano al pecho—. Fue como






