Madre e hija.
Una explosión repentina sacudió el suelo bajo los pies de Elena y Lucía. Sin pensarlo, ambas se pusieron en guardia.
—¿Crees que has ganado, Elena? —la voz de la bruja resonó mientras emergía de entre las sombras—. Esto apenas comienza.
Sus ojos brillaban con furia y arrogancia.
—Tienes algo que me pertenece… y no me refiero solo a Darek.
Un batir de alas interrumpió la tensión: Amadeo descendió del cielo y aterrizó junto a Lucía, su rostro serio.
—Elena, ten cuidado —advirtió, tensando la mand