Lucía se acercó al libro, que yacía cerrado sobre el altar de piedra. Lo tocó, pero no reaccionó. Elena se acercó también, y al posar la mano sobre la cubierta, esta brilló levemente con un pulso suave, como si respirara.
—Entonces… —susurró—, ¿esto es lo que buscan? ¿Mi conexión con él?
—Tu poder —dijo Amadeo—. Tu sangre. Tu Linaje.
Darek se incorporó, sacudiendo la tierra de sus rodillas. Su rostro estaba más sereno ahora, pero los ojos seguían ardiendo.
—Si ese libro es la llave, debemos pro