El círculo de entrenamiento aún flotaba con la energía residual de lo que Elena y Darek habían logrado. Pero ahora ella estaba sola, sentada sobre una roca dentro del límite marcado por las runas, el cuerpo cubierto de sudor y su respiración entrecortada. El bosque ya no parecía tan sereno.
Nyxa se sentó frente a ella, sin hacer ruido. No era una presencia imponente por su tamaño, sino por la forma en que el aire mismo se plegaba a su alrededor.
—¿Crees que fue suficiente? —preguntó Elena, co