Una sombra surgió de la oscuridad.
Era un guardián de magia rota. Una criatura hecha de huesos y humo.
Avanzó hacia ella con un rugido.
Elena no retrocedió.
Alzó una mano y liberó el fuego desde su pecho, sin contenerlo.
La criatura gritó al arder, pero no desapareció. Se dividió.
—No basta con quemar lo que está maldito —susurró una voz dentro de ella—. Debes purificarlo.
Elena entrecerró los ojos.
Llamó al fuego más profundo, al que no había usado nunca.
Y esta vez, no era rojo. Ni a