Elena y Nyara giraban una en torno a la otra sobre el altar negro. La magia del lugar palpitaba bajo sus pies, viva, como si el propio Abismo respirara entre las piedras.
Elena lanzó una llamarada de fuego celeste directo al rostro de Nyara, pero esta la desvió con un simple gesto.
—¿Eso es todo lo que heredaste? —se burló—. ¿Crees que puedes derrotarme con chispas?
Elena respondió con un rayo de viento que desgarró parte del altar. Nyara retrocedió un paso, sorprendida por la fuerza.
—Quizás n