El suelo se volvió negro.
La vegetación desapareció por completo. Solo quedaban raíces secas como dedos retorcidos saliendo de la tierra. El cielo había perdido color, teñido de un gris denso como humo.
El Valle de las Espinas Negras estaba ante ellos. Y en el centro, como un corazón oscuro latiendo con veneno, se alzaba el santuario del Abismo: una estructura de piedra negra, rodeada de runas talladas en lenguas muertas. Una grieta se abría justo en el centro del santuario, respirando oscurida