El hechizo de Velya había limpiado el cielo por unos minutos, pero la batalla continuaba. Más enemigos salían del santuario, como si el Abismo escupiera pesadillas sin fin.
Entre ellos, apareció Shezra, una bruja de ojos negros como la brea y una capa hecha de plumas de cuervo. Su magia era venenosa, oscura, serpenteante como el humo. Había sido discípula directa de Nyara, y se movía con la arrogancia de quien se sabe irremplazable.
Sus ojos encontraron a Lucía entre la multitud.
—Así que tú er