Las pantallas brillaban con la imagen de Alejandro Vega.
Su rostro aparecía en cada rincón del núcleo.
Observándolos.
Controlándolo todo.
—Bienvenida a casa, Valeria.
Su voz resonó en toda la instalación.
El eco parecía venir de todas partes al mismo tiempo.
Valeria se quedó inmóvil por un segundo.
Pero luego avanzó.
—Esto no es mi casa.
Vega sonrió desde las pantallas.
—Todavía no.
Santiago levantó su arma discretamente.
—No me gusta esto.
Mateo miraba los sistemas.
—Estamos dentro de su red…