Inicio / Romance / La herdera olvidada / Capítulo 5 La boda de Eliza
Capítulo 5 La boda de Eliza

Aspenaz el mayordomo personal de Agatha Whitmore servía el té de la dama con una dedicación extrema.

—Quiero que te encargues de todo, quiero una ceremonia tradicional, muchas flores en la iglesia, la mejor comida y una orquesta.

—Será todo como ordene.

—Eliza quiere irse unos meses de vacaciones, es justo, le daré de obsequio un viaje por toda Europa.

—Es un lindo presente, pero para una mujer embarazada…

Agatha sonrió y le dijo a su fiel sirviente.

—Las cosas no se hacen como antes, esperar a la noche de bodas, usar el blanco por pureza.

—Es cierto, es una lástima.

—Bien, no es la boda que esperaba para una de mis nietas, al menos Eliza se casará con un hombre de posición.

Aspenaz comentó preocupado.

—No esperé que de la joven Camila se dijera tantas cosas.

Agatha se quedó en silencio.

—Ella siempre fue de noble corazón.

—Es cierto, pero el dinero corrompe corazones.

Él asintió y le indicó.

—Cuando termine los preparativos de la boda deseo tomar mis vacaciones.

—Supongo que toda esta alteración te agotará demasiado.

—Un poco, aunque es una boda de una de sus nietas, me sentiré honrado en dirigir los preparativos.

Ella sonrió complacida y comentó.

—Creo que hice mal en poner esa condición entre mis nietas, la que me diera el primer bisnieto sería la heredera.

—Una excentricidad de su parte.

—Así es, solo espero no estarme equivocando con Camila, aunque los hechos son bochornosos.

—Hay que asegurarse de que todo esté en orden.

La anciana sonrió, pero no con esa sonrisa alegre, era más bien una mueca de tristeza.

**

Camila escuchaba los pequeños ladridos de perros y las voces de dueños preocupados, no bajaba tan solo se quedaba en la puerta.

Leonardo era muy atento y se ganaba la confianza de las personas, pero no de ella. Sobó su vientre, no le había dicho nada y tampoco sabía si el decirlo cambiaría su buen ánimo.

Escuchó despedir al último paciente y entró a la pequeña sala.

Leonardo subió con unas fundas de comida.

—Me alegra verte despierta, es hora de comer.

Colocó las fundas de comida en la mesa y sonrió.

—No suelo cocinar, así que encargo comida a restaurantes confiables.

—No tengo hambre.

—Camila, eso no puede seguir así, anoche te escuché vomitar y eso no es bueno.

—¡Qué más da!

—¿Tan malo fue?

Ella comentó con dolor.

—Todo mi mundo se derrumbó.

—Lo siento, pero no entiendo —observó sus modales y finura—. No eres una chica común.

—Tal vez lo sea…

—No, pero si no deseas hablar, solo ven a comer.

Sacaba las tarrinas con consomé.

—Es el mejor consomé de este lugar.

El aroma le trajo recuerdos y se acercó a la mesa.

—Te pedí una ensalada y algo de tallarín.

—Gracias.

Ella comió el consomé y él sonrió.

—Es un adelanto, ¿sabes? Necesito ayuda, en verdad la necesito.

—Es que…

—Alguien que reciba y anote los datos de las mascotas —abría su arroz frito—, te pagaría y eso podría ayudarte.

Ella asintió, pues necesitaba dinero.

—Sí, es cierto.

Recordó a su bebé y le confesó.

—Estoy embarazada.

Leonardo la miró con sorpresa y ella asintió.

—El padre de mi bebé es un canalla.

—Lo siento.

—Necesito un lugar donde vivir y dinero para salir adelante.

—Bien, te puedo ayudar.

—Es que no sé si es justo que tu vida se trastoque por la mía.

Leonardo le confesó.

—Mi vida también se vino abajo y estoy intentando salir a flote, así que, si podemos ayudarnos, lo haremos.

Ella asintió y decidió que lucharía por sacar a su bebé adelante.

**

Eliza se probaba un bello vestido y su madre la miraba fascinada.

—Te ves regia, es una pena que pronto esa figura se pierda con el embarazo.

Ella se sobó el vientre y comentó.

—Seré la mamá más feliz del mundo.

—Solo me preocupa que te vayas de viaje tanto tiempo, quería ver crecer tu barriga.

Ella sonrió nerviosa y le trajeron una tiara.

—Dios mío, es la tiara que usó mi abuela en su boda.

—La mandamos a arreglar para ti.

Ella se la colocó, era como la corona de una princesa.

—Es hermosa, siempre soñé con algo así.

Recordó a Jake, tenía que hablar con él y darle lo prometido.

Esa tarde se reunió con él y lo vio un poco demacrado, sacó el dinero en un sobre y sonrió.

—Te lo has ganado.

Él miró el sobre y comentó.

—Me arrepiento de lo hecho.

—No puedes.

—Es que lo que hice con Camila es… terrible.

—Te estoy pagando ese trabajo.

—Tengo dinero, si lo hice fue para impresionarte, pero veo que no valió la pena, te casas con otro.

—Es necesario.

—¿Cómo harás cuando no crezca la barriga?

—Tengo mis planes.

—Eliza… Estás cavando un hoyo bastante grande debajo de tus pies.

—No te meteré en problemas, solo coge este dinero y vive la vida.

—¿Cómo lo haces tú?

—Sí, como lo haré yo y te espero en la boda.

Entonces musitó.

—Pobre tipo.

Ella sonrió y se levantó triunfal.

—Si sigues de mi lado te voy a recompensar.

—Claro, ¿sabes algo de Camila?

—No, pero eso no es importante.

Él sonrió y le dijo a la altiva chica.

—Cuidado, ella es un hilo suelto.

—No más.

Se fue altiva y él cogió el sobre y lo guardó en su chaqueta y pidió una botella de whisky.

**

Camila trabajaba arduamente como si con el trabajo menguara su rabia y decepción. Las mascotas eran un gran aliciente para ella.

—Hermosa pajarita.

—Gracias, es muy amable.

Sonrió y Leonardo se acercó.

—Haces muy buen trabajo.

—Los animales son los más sinceros del mundo.

—Sí, ellos no tienen la necesidad de engañarnos.

Asintió solemne y vio el grupo de revistas que habían llegado.

—No había visto esto.

—Son revistas sobre cuidado de animales y nutrición —recordó que había pedido revistas para ella—, también hay revistas de moda para ti.

Ella revisó y vio a su hermana en portada junto a Gabriel con el titular, la boda del año.

Se apartó y fue a un lado a leer lo que decía: hablaban de la boda que sería el día de mañana y ponían fotos de su hermana luciendo las mejores joyas familiares y ciertas noticias de lo que sería la boda.

Daban una pequeña reseña de la vida de Gabriel que según decía era un prestigioso abogado.

Tanta mentira en una sola frase y Leonardo al ver su atención preguntó.

—¿Los conoces?

Ella calló por un segundo y de repente lo soltó.

—Ella es mi hermana y él era mi novio.

Eso sorprendió a Leonardo y más cuando anunció.

—Iré a esa boda.

—Espera, ¿estás segura?

—Sí, quiero ver a ese grupo de falsos a la cara.

Leonardo le recordó su estado.

—Estás embarazada y supongo que este tipo es el padre.

—Sí, para lástima mía.

—Lo siento, pero sería riesgoso todo eso para ti y el bebé.

Recordó a su abuela y le comentó.

—Mi abuela es una mujer muy estricta, ella nunca… me perdonará todo lo que dijeron de mí.

Sollozó y él la abrazó con fuerza.

—Todo tiene su tiempo.

—Me quitaron mi vida, mi todo…

—La verdad saldrá a la luz.

No era suficiente, los odiaba a todos.

**

Eliza se miraba al espejo, estaba lista para su momento ideal, su amiga estaba con una copa de champaña en la mano y le decía.

—Te irás hoy mismo, ¿verdad?

—Sí, quiero irme de aquí y disfrutar de mis preciosas joyas.

—Y yo tendré trabajo con eso del bebé.

—Serás la madrina más rica del mundo.

—Ok, pero ¿cómo le harás con tu esposo?

Ella la miró y caminó a una de las maletas que llevaba, sacó un vientre falso con movimiento.

—¡Es un vientre falso!

—Sí, con movimiento, tócalo.

Ella lo tocó y algo la pateó.

—Cielos.

—Lo programo de acuerdo al tiempo que llevo; claro, tendré que fingir mareo, vómitos y achaques… Algunos antojos.

—Estás loca.

—Sí, por dinero y ya lo tengo, en parte.

Le mostró el cofre de joyas y sacó unos pendientes muy hermosos.

—Esto es para ti, quiero vértelos lucir y te enviaré dinero para lo del bebé.

—Bien —se los colocaba.

—Ahora a juntarme con mi novio —tomaba una pastilla—. Es para el vómito, a veces la emoción me relaja el estómago.

Salió rumbo a la iglesia.

**

Camila se dio unos ligeros toques con rubor para no verse tan fúnebre; Leonardo, al verla bajar y resuelta a ir a esa boda, le dijo preocupado.

—¿Estás segura de esto?

—Quiero verlos a la cara.

—Escucha, ellos te hirieron y todo eso, pero puede hacerte daño, piensa en el bebé.

Ella sobó su vientre y le respondió.

—Por él es que pienso, quiero verles la cara y que sepan que mientras esté con vida van a recordarme.

Salió rumbo a la boda y Leonardo junto con ella. No impediría la boda, pero al menos les dejaría en cuenta que ella existía y que tenían una deuda de sangre con ella.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP