Inicio / Romance / La herdera olvidada / Capítulo 6 El nacimiento de la heredera
Capítulo 6 El nacimiento de la heredera

El ambiente era exclusivo y la iglesia estaba decorada con flores blancas y lo mejor de la sociedad estaba reunido.

Jake bebía de una pequeña botella de whisky; se sentía atrapado y, ver a los Whitmore tan flamantes, sintió odio de él mismo.

Lucy anunció a todos.

—La novia llegó.

El novio lucía contrito, con una mueca en la cara, su familia sonreía, pues les venía bien una unión de esa talla.

La orquesta entonó la marcha nupcial, de la limusina blanca salía la virtuosa novia y… Vio de cerca a Camila.

Le tomaban fotos y ella mantenía la tranquilidad ante ese encuentro, recogían su gran velo de 15 metros.

—¡Eres una falsa! Traicionera.

Le gritó entre la multitud, algunos se volteaban a verla y no la reconocían, pues estaba diferente.

—¡Ladrona, me quitaste todo! ¡Ladrona!

Leonardo la detenía para que no fuera por ella y la vio ingresar a la iglesia y ella se soltó y entró detrás de todos.

—¡Falsos! ¡Hipócritas!

Algunos voltearon y vieron que se llevaban a una mujer y la sacaban del evento.

Jake se acercó a ella que gritaba.

—¡Todo esto es mentira!

—¿Camila?

Ella lo miró con rabia y lo apuntó con el dedo.

—¡Tú participaste de todo esto! ¡Te vendiste a ellos!

—Cálmate.

—No me calmo, tienes un gran pecado en tu conciencia y el tiempo te hará ver tu maldad.

Leonardo la sacó de allí y le dijo.

—No sé lo que te hicieron ellos, pero sé que eso no será suficiente.

—Los odio, me destruyeron.

—No —la abrazó con fuerza—. Ellos no podrán contigo, lo sé.

Aspenaz los veía desde un rincón.

—Ellos se salieron con la suya.

—Veremos, necesitas descansar.

Fue llevada en un auto y él anotó la matrícula.

**

Camila lloraba desconsolada y Leonardo estaba molesto por todo lo pasado.

—¿Ella es tu hermana?

—Esa arpía, esa malvada…

—Calma, piensa en el bebé.

Ella se tocó el vientre y lloró más, estaba perdida sin saber qué hacer. Leonardo, como si leyera su mente, apretó su mano y comentó.

—No estás sola, te cuidaré y cuidaré del bebé.

Llegaron a casa y ella se quedó sentada mirando a un punto x y él comentó.

—Te contaré un poco de mi historia —la vio interesarse—. Creía que lo tenía todo, ya sabes, dinero, una novia hermosa y una carrera que no era aceptada por mi familia, pero era lo que más me gustaba.

“Tenía un departamento en la ciudad y vivía con mi novia y todo lo sentía color de rosa, pensábamos en casarnos y en tener un proyecto en común y una tarde en que me fui de viaje, ella se acostó con mi mejor amigo.

Creo que llevaban algún tiempo en eso y fue como si una pala me diera contra el rostro.

—¿Cómo los descubriste?

—Eso fue épico, se me ocurrió volver antes y usé mi llave, entré sigiloso con unas flores para sorprenderla y el sorprendido fui yo al verlos desnudos en mi cama.

—¡Qué horror!

—Sí, fue horrible, entonces decidí que iba a dejarlo todo y me aislé de la familia y de mis amigos.

—Entonces viniste a este lugar, ¿verdad?

—Algo así, he ido de tumbo en tumbo, trabajando como loco en mi idea.

—¿Y cuál es?

—Un centro veterinario completo, con spa y lo más moderno del momento.

—Suena muy bien.

—Así es, soy un nómada, ahora estoy aquí y después estaré en otro lado en donde pueda desarrollarme.

Ella quería ser así, pero sentía que no alzaba cabeza y más al saber que su amado ahora era el marido de su hermana.

**

Con los días aceptó que las cosas eran como debían ser, aprovechaba cada consejo que Leonardo le daba y ayudaba en lo que podía y le gustó mucho su compañía.

Leonardo no la trataba como a una loca, más bien era paternal con el bebé que se desarrollaba en su vientre. Lo hacía tan bien que hasta se emocionaba con el bebé.

—Vaya, ya está grande, se ve que será un príncipe.

—Eso espero, al menos de mi parte lo será.

Sonó la campanilla y ella salió a atender a la persona y se topó con el mayordomo de la familia.

—¡Aspenaz!

—Mi lady.

Estaba sorprendida y ella le servía té caliente.

—¿Qué haces fuera de la mansión?

—Te vi en la ceremonia nupcial y sentí deseos de verte —señaló la barriga—, está creciendo.

—Eso no importa, estoy sola.

Leonardo llegó junto a ella.

—No es lo que parece.

—Él es Leonardo y es como mi ángel.

Ella sonrió con calidez y él la miró con adoración.

—Entiendo… Su hermana está de viaje y su abuela encantada con la idea de su primer nieto.

—Espero que sean felices.

Aspenaz le comentó entonces.

—Si su abuela supiera que está embarazada sería otra cosa.

—Nada cambiaría, todo sería igual, Gabriel está con Eliza y mi abuela feliz por ello.

—Es una injusticia, nunca estuve de acuerdo.

Preguntó Leonardo.

—Tampoco hay cómo cambiar las cosas, ¿verdad?

—Podría cambiar si Camila dice la verdad.

Ella negó con la cabeza y le dijo lo que más temía.

—Si mi hermana sabe de mi bebé, intentará lastimarlo.

Era una posibilidad y le dijo la verdad.

—Cuando la abuela dijo su condición para heredar nunca estuvo en mis planes. Me enamoré de Gabriel y cuando supe que estaba embarazada… Eliza me lo había quitado.

Aspenaz sacó de su bolsillo un fajo de dinero y se lo dio a la joven,

—No es mucho, pero debe tenerlo.

—No, no quiero nada de ellos.

—Esto es parte de mis ahorros, tienen que irse de aquí.

Leonardo lo miró con asombro. El hombre les explicó.

—Si Eliza llega a saber que va a tener competencia podría hacerle daño a su bebé —y añadió—, cada cierto tiempo te haré llegar dinero para que puedas ayudarte.

—Es que no…

—Entiendo —intervino Leonardo—, sería un blanco de su hermana.

—El dinero nos transforma y nos aflora los instintos salvajes, no dudo que Eliza ya los tiene.

—Se hará como usted dice.

Leonardo prometió solemne y añadió.

—Cuidaré de ellos siempre.

Fue duro dejar en esos días todo lo construido, pero debía huir por el bien de su bebe.

**

Eligieron una zona elitista y allí pusieron el negocio que comenzó a verse como Leonardo quería y fue en ese lugar que Camila dio a luz a su hija, Ornella, una pequeña muy hermosa que robó el corazón de él.

—Es como tú —dijo emocionado.

—Nunca será como yo, deseo que ella sí consiga todo lo que desea.

—No te puedes quejar, cariño, me tienes a tus pies.

—Eres la mejor figura paterna que pude encontrar, será nuestra princesa.

—Ya lo es, y le daré lo mejor del mundo.

—Solo quiero amor para ella, nada más.

Besó su cabeza y sonrió emocionada, ese era su triunfo personal.

**

Era tiempo de dar a luz y para eso fingió una pelea con su esposo y fue a dar a luz a la clínica de los Collins, Jake atendió su “parto” personalmente.

—¿Hasta cuándo seguirás con esto?

—Hasta siempre, nadie sabe que estoy acá, solo quiero que se vea real.

—¿Y el bebe?

Lucy tenía que cumplir esa parte, entró por la parte trasera de la clínica y llevaba consigo un portabebés.

Cuando entró les anunció.

—Felicidades a la nueva mamá, la cigüeña les trae esta preciosa bebé.

—¿Una niña?

—Es lo que había.

Jake preocupado preguntó.

—¿De dónde la sacaste?

—De por ahí —se la entregó—. Es linda como mi amiga.

Ella estaba en la cama con un suero puesto y se despeinó el cabello y ordenó que llamaran a todos.

**

Agatha estaba de nervios esperando noticias de su nieta, Gabriel se cogía la cabeza preocupada y Pandora daba vueltas por la sala.

—Si ella no llama, la enviaré a buscar por todo el pueblo.

Lucy las llamó y Pandora contestó.

—¿Dónde está mi hija? —pausa— ¡Qué! ¡Ya nació! ¡Una niña!

La emoción dominó a la mansión Whitmore y fueron a verla al hospital y Jake bebió un poco para tensar sus nervios y dar la cara para todos.

—Ella está bien, llegó como se dice con las justas y dio a luz a una preciosa niña.

Pandora dijo molesta.

—Soñé tanto con ver su parto.

Gabriel se adelantó.

—¿Ella está bien?

—Cansada, pero bien.

Cuando se arremolinaron a ver a la pequeña y Agatha comentó.

—Es una Whitmore, sin duda, y será muy amada y bendecida para siempre.

Gabriel observaba a su pequeña que se parecía mucho a la madre, era catira y ansiaba que tuviera un hermanito.

—Cariño.

—Dime.

—¿No deseas tener más hijos?

Eliza no esperó esa pregunta y le respondió.

—Cariño, traer al mundo a Agatha fue terrible y no deseo pasar por eso de nuevo.

—Quiero tener al niño.

Ella pensó: Tenlo con otra, estúpido.

—Amor —dijo con tristeza—, es mejor dedicarnos a un solo bebé con devoción.

Aspenaz le llevaba una papilla a la nena.

—Gracias, Aspenaz, puedes retirarte se la daré yo.

Él asintió y procedió a darle la papilla a su pequeña.

—Agatha, eres divina.

La abuela se acercó y toda sonrisa comentó.

—Es preciosa mi bisnieta y me sentí muy honrada de que le pusieras mi nombre.

Ella le dijo con tono meloso.

—Abuela, eres mi inspiración.

La mujer vio a Gabriel y comentó.

—Muchacho debes poner empeño en el negocio familiar, debes brillar.

—Sí, abuela en eso estoy.

La anciana le dijo con autoridad.

—El ganado no se cuida solo.

—Lo sé, me lo repite siempre.

—Es lo justo.

Gabriel se fue cabizbajo y Eliza le dijo a su abuela.

—Abuela, él se esfuerza.

—Pero no demasiado.

—Ya aprenderá a ser un crack.

Mecía a la nena.

—Por lo pronto como padre es divino.

Sonreía con calidez, su plan de tenerlo todo dio resultado.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP