—Tabar ¿Qué te pasó? — Zarah abandonó toda formalidad frente a la falta de respuesta de su esposo. Retiró la venda cubierta de sangre con delicadeza. La herida no era profunda, pero era bastante reciente por lo que se veía hinchada y aún sangraba.
—Se me cayó un espejo encima...
—¿Y lo atajaste con el puño cerrado?— notó enseguida que la incredulidad en su voz hizo sonrojar a Tabar, por lo que dedujo que esa herida era consecuencia de un impulso irracional del cual no estaba orgulloso. Deci