Al entrar a la oficina Tabar se dirigió a la barra sin titubear. Llenó dos copas con licor de dátiles importado de Sol Naciente. Tan solo saborear el ardiente dulzor fue suficiente para que el recuerdo del rostro de Zarah viniera a su mente.
"Mala elección de bebida" Suspiró "O tal vez estoy condenado a esta tortura para siempre"
Extendió una de las copas a Jabari. Su intuición le advertía que no le iban a gustar las palabras que salieran de la boca de su amigo.
—Bueno, su majestad, cuénteme